Cannabis

La marihuana es una mezcla café verdosa de hojas, tallos, semillas y flores secas y picadas de la planta de cáñamo, Cannabis sativa. Su forma más concentrada y resinosa se llama hachís y cuando está en forma de líquido negro y pegajoso se conoce como aceite de hachís. La principal sustancia psicoactiva (que altera la mente) en la marihuana es el delta-9-tetrahidrocannabinol o THC.

El abuso de marihuana puede resultar en problemas con la memoria, el aprendizaje y el comportamiento social. A largo plazo, puede conducir a problemas como el cáncer de pulmón y un aumento del riesgo de infecciones. Puede interferir con la familia, la escuela, el trabajo y otras actividades.

Se están realizando estudios científicos para probar la seguridad y la utilidad de los componentes del cannabis en el tratamiento de algunos cuadros clínicos. En la actualidad, no se recomienda fumar marihuana para el tratamiento de ninguna enfermedad o afección.

 

¿Cómo afecta la marihuana al cerebro?

Cuando se fuma la marihuana, el THC pasa rápidamente de los pulmones al torrente sanguíneo, que lo transporta al cerebro y a otros órganos del cuerpo. Se absorbe más lentamente cuando se ingiere en comidas o bebidas.

Independientemente de cómo se ingiera, el THC actúa sobre sitios moleculares específicos en las células del cerebro llamados receptores de cannabinoides. Estos receptores normalmente son activados por sustancias químicas similares al THC llamadas endocannabinoides como, por ejemplo, la anandamida. Estas sustancias se producen naturalmente en el cuerpo y son parte de una red de comunicación neural (el sistema endocannabinoide) que juega un papel importante en el desarrollo y la función normal del cerebro.

La mayor densidad de receptores de cannabinoides se encuentra en las partes del cerebro que influyen en el placer, la memoria, el pensamiento, la concentración, las percepciones sensoriales y del tiempo, y el movimiento coordinado. La marihuana activa el sistema endocannabinoide de manera exagerada, causando los efectos del “high” o euforia y otros más que experimentan los usuarios. Estos efectos incluyen distorsiones en las percepciones, deterioro de la coordinación, dificultad para pensar y resolver problemas, y perturbaciones del aprendizaje y la memoria.

Las investigaciones muestran que el impacto adverso del consumo crónico de la marihuana sobre la memoria y el aprendizaje puede continuar aun después de que los efectos agudos de la droga desaparecen y los efectos incluso pueden persistir por muchos años si el consumo de marihuana comienza en la adolescencia. Las investigaciones en diferentes campos están concurriendo en el hecho de que el consumo regular de la marihuana por jóvenes puede tener un impacto negativo de larga duración sobre la estructura y la función cerebral.

Un estudio reciente de los consumidores de marihuana que empezaron a consumirla en la adolescencia reveló un déficit importante en las conexiones entre las áreas del cerebro responsables del aprendizaje y la memoria. Un vasto estudio prospectivo (que sigue a las mismas personas a través del tiempo) mostró que las personas que comenzaron a fumar grandes cantidades de marihuana en la adolescencia habían perdido hasta 8 puntos en su coeficiente intelectual entre los 13 y los 38 años de edad. Es importante notar que a pesar de haber dejado de fumar marihuana como adultos, no lograron restaurar estas habilidades cognitivas perdidas.

¿Qué otros efectos adversos a la salud tiene la marihuana?

El consumo de la marihuana puede tener una variedad de efectos adversos a corto y largo plazo, especialmente para la salud cardiopulmonar y mental.

Poco después de fumar marihuana, la frecuencia cardiaca aumenta entre un 20 y un 100 por ciento. Este efecto puede durar hasta 3 horas. En un estudio, se calculó que el riesgo de tener un ataque al corazón es de 4.8 veces mayor durante la primera hora después de haber fumado la droga. Esto puede deberse al aumento en la frecuencia cardiaca así como al efecto que tiene la marihuana sobre el ritmo cardiaco, ya que causa palpitaciones y arritmias. Este riesgo puede ser mayor en las personas de más edad o en aquellas con vulnerabilidades cardiacas.

 

¿Es adictiva la marihuana?

Contrario a las creencias populares, la marihuana es adictiva. De acuerdo a las investigaciones relevantes se estima que alrededor del 9 por ciento de los usuarios se vuelven adictos a la marihuana; este número aumenta entre los que comienzan a una edad temprana (hasta aproximadamente el 17 por ciento, es decir, 1 de cada 6) y entre los usuarios diarios (a un 25 a 50 por ciento). Por lo tanto, muchos de los casi 7 por ciento de los estudiantes del último año de la secundaria que reportan fumar marihuana a diario o casi a diario (de acuerdo con los datos de las encuestas anuales) están encaminados a convertirse en adictos, si no lo están ya (además de funcionar todo el tiempo a un nivel subóptimo).

Los consumidores crónicos de marihuana que intentan dejar el hábito reportan sufrir síntomas del síndrome de abstinencia como irritabilidad, insomnio, inapetencia, ansiedad y antojo fuerte por la droga, todo lo cual puede dificultar mantenerse abstinentes. Las intervenciones conductuales, incluyendo la terapia cognitiva conductual y los incentivos para estimular la motivación (por ejemplo, proporcionando cupones de intercambio para productos o servicios a los pacientes que permanecen abstinentes) han demostrado ser eficaces en el tratamiento de la adicción a la marihuana. Aunque actualmente no hay medicamentos disponibles, los descubrimientos recientes sobre cómo funciona el sistema endocannabinoide son prometedores para el desarrollo de medicamentos para facilitar la abstinencia, bloquear los efectos intoxicantes de la marihuana y prevenir las recaídas.

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