Instituto carbonell

EL MIEDO A CAMBIAR DE OPINIÓN

20 de abril de 2026

Como decía Charles Darwin, “no hay nada tan permanente como el cambio”.  Vivimos en un momento histórico en el que es notable la resistencia a los cambios de opinión, reflejándose, sobre todo, en el ámbito político. Algunas investigaciones indican que las personas más conservadoras y menos abiertas a la experiencia suelen ser más resistentes al cambio. Al contrario, las personas con una ideología más progresista son más flexibles. Aun así, las personas que cambian de opinión lo hacen progresivamente porque, para nosotros, es mejor hacer pequeñas excepciones a las reglas que cambiar o dar un giro transformador a nuestras convicciones más íntimas. ¿Por qué?


Por una parte, resulta necesario mencionar que los mecanismos biológicos, psicológicos y sociales que subyacen a nuestros comportamientos mantienen nuestra identidad. Estos elementos funcionan como factores protectores de nuestra personalidad y, por tanto, también de las creencias y principios que nos rigen. De este modo, cuando alguien intenta persuadirnos para reconsiderar una postura, esas raíces biológicas y psicosociales se ven amenazadas. Así, cuando alguien nos contradice, ya sea pública o privadamente, el cerebro altera el sistema nervioso autónomo y las hormonas, es decir, lo vivimos de manera estresante. El cerebro interpreta este evento como como una situación vergonzosa que daña nuestra autoestima. De hecho, algunos experimentos muestran que cuando alguien nos lleva la contraria, lo podemos llegar a vivir como algo doloroso porque se activan las mismas regiones cerebrales que al sentir dolor físico. 


Además, el hecho de estar inmersos en una era digital con información masiva ha propiciado que las ideologías, aficiones e incluso las manías más dispares se vean reforzadas, haciendo que los planteamientos que se expresan se vuelvan más impermeables al cambio. 


En opinión del dr Carbonell,  el mejor antídoto es reconocer que uno puede equivocarse. Estar abierto a recibir información distinta o a la que no estamos acostumbrados promueve el sentido crítico y el razonamiento. De hecho, ser capaces de cambiar de opinión ayuda a no quedarse anclado en el pasado y permite seguir madurando psicológicamente. 

Por Instituto Carbonell • 17 de octubre de 2026
El Dr. José Carbonell explica que es normal sentir rabia cuando se ha invertido mucho tiempo, esfuerzo y compromiso en una relación que finalmente no ha cumplido las expectativas o las promesas realizadas. Ante esta situación, considera importante aprender de la experiencia y no interpretarla únicamente como un fracaso.  Señala que en una relación es posible entregarse plenamente a la otra persona, pero sin dejar de reservar una parte de uno mismo para sus propios proyectos, intereses y bienestar. Recomienda mantener cierto desapego y evitar una entrega excesiva, porque cuando toda nuestra vida y expectativas dependen de la relación, una ruptura o el incumplimiento de los proyectos compartidos puede generar un impacto emocional mucho mayor.
Por Instituto Carbonell • 16 de octubre de 2026
Una tendencia muy habitual que solemos tener es la de procrastinar, es decir, posponer tareas o decisiones para otro momento. Este tipo de comportamiento solemos hacerlo de forma frecuente pero puede llegar a afectar nuestro bienestar psicológico. Pero si es así, ¿por qué posponemos las cosas para más adelante? En el artículo publicado en el País Semanal en marzo de 2026 por Pilar Jericó, Doctora en Organización de Empresas y Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, explica qué hay varios factores que influyen en este comportamiento como pueden ser emociones como el miedo, la inseguridad, el perfeccionismo o la dificultad para gestionar ciertas situaciones o el malestar que puedan derivar de ellas. Como comentan varios expertos, la procrastinación no es falta de organización o pereza, sino que se da por esas emociones que no podemos gestionar bien y que hacen que aplazar una tarea nos genere un alivio temporal, aunque en realidad, este hecho puede conllevar a aumentar posteriormente la ansiedad, estrés o la culpa y afectar a nuestra autoestima. Para hacer frente a este hábito, los expertos recomiendan aprender a identificar las emociones que nos llevan a evitar o posponer una tarea, empezar poco a poco con pequeños pasos como dedicarle al principio cinco minutos, reducir las distracciones y ponernos objetivos realistas, reduciendo la autoexigencia. Aún así, hay que aprender a distinguir entre evitar una situación por miedo o inseguridad o, si se ha pospuesto por un agotamiento real que requiera de un descanso.  En opinión del Dr. Carbonell, es importante comprender que detrás de la tendencia de procrastinar hay emociones que hay que aprender a identificar y gestionar para mejorar el bienestar psicológico.
Por Instituto Carbonell • 16 de octubre de 2026
El Dr. José Carbonell explica que ceder es necesario en una relación de pareja para alcanzar un equilibrio, pero hacerlo de manera constante por miedo a perder a la otra persona puede generar una relación tóxica. Renunciar continuamente a las propias necesidades y no ser capaz de decir que no solo prolonga una situación que probablemente terminará siendo más dolorosa.  Señala que es importante no perder la propia esencia, el amor propio ni la autoestima por intentar mantener una relación. Si para que la pareja funcione una persona tiene que ceder siempre, considera que puede ser más saludable alejarse de esa situación y priorizar el propio bienestar.