Instituto carbonell

No quiero

10 de mayo de 2026

El Dr. José Carbonell, médico y psiquiatra, reflexiona en este mensaje sobre una experiencia emocional común y profundamente humana: la resistencia a aceptar lo que no queremos que sea cierto. Bajo el título “No quiero”, aborda ese sentimiento de negación que aparece cuando la vida nos exige soltar, aceptar una pérdida o renunciar a algo que anhelábamos intensamente.


“No quiero aceptar un final”, dice, y esa frase representa mucho más que una simple negación. Es el reflejo de una lucha emocional interna, una forma de intentar protegernos del dolor, del rechazo o del fracaso. El "no quiero" es muchas veces un mecanismo de defensa, una manera de no enfrentarse aún a lo irreversible o a lo que duele.


El Dr. Carbonell no plantea el "no querer" como una debilidad, sino como una reacción legítima ante la frustración. Rechazar que alguien ya no lucha por nosotros, que no podemos alcanzar ciertos objetivos o que las cosas no salieron como esperábamos, genera un duelo emocional. Pero también señala que en ese "no querer", a veces se esconde un grito de autoestima: "yo valgo, yo merezco".


La clave está en redirigir esa energía. En vez de quedarse estancado en el dolor de lo que no pudo ser, propone enfocar la experiencia como un aprendizaje. El sufrimiento, aunque duro, puede convertirse en un motor de crecimiento personal. Aceptar no significa rendirse, sino reconocer los límites y seguir avanzando con más conciencia y fuerza emocional.



En resumen, el Dr. Carbonell invita a transformar el “no quiero” en una pausa necesaria, un espacio de sanación, y después, en un paso hacia adelante. Porque todo lo que aprendemos en medio del dolor, termina haciéndonos más fuertes.

Por Instituto Carbonell 18 de septiembre de 2026
Vivimos rodeados de una comodidad sin precedentes y, paradójicamente, de un vacío existencial récord. Como explica detalladamente la psiquiatra Marian Rojas Estapé en sus redes sociales y en su artículo publicado en el periódico Última Hora , la epidemia actual de angustia y desorientación nace de una confusión profunda: buscar la felicidad en la gratificación instantánea. Rojas advierte que, al volvernos intolerantes al esfuerzo, caemos en un “vacío pleno” donde la vida carece de un propósito real. En esta misma línea, el catedrático Jesús G. Maestro explica en El fracaso de la felicidad que la búsqueda constante de estar satisfechos es una expectativa muy promovida por el entorno actual. Maestro señala que asumir la felicidad como un estado permanente puede llevar a interpretar cualquier dificultad o frustración cotidiana como un fallo personal. Por ello, invita a cultivar la inteligencia crítica, aceptar las tensiones naturales de la vida y priorizar la libertad personal como la verdadera base para tomar decisiones con dignidad. Más allá de esta dimensión cultural, el problema posee una raíz neurobiológica clara. El entretenimiento digital a demanda y los estímulos constantes de bajo esfuerzo han reconfigurado las expectativas de nuestro cerebro. Al evitar sistemáticamente la incomodidad de la paciencia, el aburrimiento o la frustración (experiencias que son naturales en la vida humana), debilitamos nuestra resiliencia y alimentamos cuadros de ansiedad y baja autoestima. Recuperar el bienestar exige mirar más allá del placer inmediato. Siguiendo la clásica logoterapia del psiquiatra Viktor Frankl, la verdadera satisfacción surge cuando nos comprometemos con un propósito que trasciende nuestra propia comodidad. ¿Y qué podemos hacer para combatir esta situación? El camino es sencillo pero desafiante: apaguemos temporalmente las pantallas, abracemos el aburrimiento como un espacio de reflexión y asumamos pequeños desafíos cotidianos que requieran perseverancia. En opinión del Dr. Carbonell, permitirnos transitar por el aburrimiento y elegir conscientemente el camino del esfuerzo voluntario no es un castigo, sino un acto indispensable de ecología mental para preservar la salud de nuestro cerebro en un mundo hiperestimulado.
Por Instituto Carbonell 17 de septiembre de 2026
Cuando vivimos algún tipo de suceso o experiencia extrema, como una catástrofe o conflicto, podemos llegar a sufrir un malestar psicológico, pero eso no quiere decir que lleguemos a padecer algún trastorno mental. Esa diferencia entre sufrir o llegar a desarrollar depresión, ansiedad o algún otro trastorno no depende sólo de la fortaleza individual de uno mismo, sino también de tener un buen entorno y una red de apoyo fuerte. Así lo explica Ricardo Angora, psiquiatra y psicólogo que actualmente dirige el Departamento de Salud y Movilización Social de Médicos del Mundo, en el artículo publicado en La Vanguardia (2026). Según el experto, recuperarse de una situación complicada o de una crisis no depende exclusivamente de la fuerza de voluntad. En este caso, el entorno juega un papel importante en la recuperación, ya sea a través de la familia, las amistades, la comunidad o el apoyo social. Ante una situación de crisis, los expertos recomiendan escuchar, acompañar y validar lo que la persona siente, ya que, esto puede ayudar a devolver cierta sensación de seguridad en los primeros momentos. También, el entorno y las relaciones sociales que tenemos a nuestro alrededor fortalecen la capacidad de resiliencia de una persona, lo que ayuda a superar estas situaciones, de aquí el concepto de “red-siliencia”.  En opinión del Dr. Carbonell, es importante pedir ayuda a un profesional si los síntomas interfieren significativamente en la vida personal y, entender que pedirla no significa no ser capaz de afrontar las cosas. Tener un buen entorno también es fundamental como medida de apoyo para la salud mental.
Por Instituto Carbonell 11 de septiembre de 2026
La salud mental cada vez adquiere mayor importancia, ya que un porcentaje de la población sufre de algún trastorno como ansiedad, depresión o problemas de sueño. Poder identificar y gestionar emociones como el enfado, la ansiedad o la tristeza, puede ayudar a reducir el malestar que estos puedan provocar. En el artículo publicado en La Vanguardia (2026), el psiquiatra Javier Quintero expone cuatro tipo de comportamientos o hábitos que dificultan esa gestión emocional: ignorarlas (decir que estamos “bien” cuando en realidad estamos mal), “anestesiarlas” (evitar lo que sentimos intentando refugiarse en redes sociales, trabajo, alcohol, comida,...), culpar a los demás de nuestras emociones (proyectar lo que sentimos a los demás, aunque en realidad es nuestro y deberíamos gestionarlos nosotros) y, enfadarnos por sentirnos mal (sentir enfado o tristeza no quiere decir que estemos haciendo algo mal). Según el experto hay una serie de recomendaciones que podemos hacer según lo que sintamos: ante el enfado, no responder de una forma inmediata si no alejarse unos minutos, e ir a caminar o hacer ejercicio para así introducir una pausa entre la emoción y la reacción. Ante la tristeza, aconseja permitir sentirla sin luchar contra ella antes de intentar hacerla desaparecer. Y por último, ante la ansiedad pone el foco en cambiar el pensamiento de “¿y si…?”, por el “si ocurre esto, ¿cómo podré afrontarlo?”, ya que esto ayuda a cambiar el foco de atención de la incertidumbre de lo que podría suceder hacia la capacidad de poder manejarlo. En opinión del Dr. Carbonell, si experimentamos alguna emoción o malestar que nos dificulta nuestro día a día, es importante acudir a un profesional para que nos ayude a gestionarlo. Los problemas de salud mental tienen que ser reconocidos y tratados por profesionales.