Instituto carbonell

SIESTAS, ENVEJECIMIENTO Y SALUD MENTAL

26 de agosto de 2026

Con la edad el sueño va cambiando, se va reduciendo la cantidad de horas que dedicamos a dormir. Pero no significa que se necesite dormir menos, si no que es más difícil conseguir dormir el tiempo adecuado.


Según un metaanálisis publicado en la revista Sleep en el 2004, el sueño se va reduciendo con la edad de forma lineal, entre 10 y 12 minutos por década hasta llegar a los 60 años, en donde se estabiliza. Por otra parte, Juan Antonio Madrid, catedrático de Fisiología y fundador del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia, explica que con la edad se reduce el sueño profundo y aumentan los despertares, lo que lleva a que el sueño sea fragmentado. También explica la doctora y neurofisióloga Sandra Giménez Badia que los ritmos circadianos se van desajustando, lo que provoca que las personas mayores se acuesten más temprano y, por tanto, se despierten antes. 


Todos estos factores, unidos al mayor tiempo libre en esta etapa lleva a que haya una mayor necesidad de hacer alguna siesta durante el día para recuperar ese sueño. Numerosos estudios respaldan los beneficios de hacer siestas cortas de entre 15 y 30 minutos, como incremento de la atención sostenida, los niveles de alerta, mejora del humor, reducción de la tensión arterial y de los niveles de estrés. Sin embargo, cuando en esta etapa se hacen por encima de ese tiempo o diariamente por las mañanas, esos beneficios se pierden y pueden ser un indicio de que algo no va bien. 


Es importante seguir las recomendaciones de los expertos manteniendo una buena rutina de sueño y mantenerse activos por las mañanas, haciendo ejercicio y exponiéndose a la luz natural, así como hacer una siesta corta al mediodía si es necesario y, activándose otra vez por la tarde.


En opinión del Dr. Carbonell, es fundamental tener una buena rutina de sueño asegurando que sea de calidad, así como prestarle la suficiente atención en las consultas médicas para detectar cualquier anomalía y poder actuar a nivel preventivo lo antes posible. 


Por Instituto Carbonell • 13 de octubre de 2026
El Dr. José Carbonell explica que no conviene precipitarse a la hora de casarse, especialmente después de un amor de verano. Durante las vacaciones solemos estar más relajados y alejados de nuestras responsabilidades, lo que puede hacer que una persona nos parezca ideal y que la relación se viva con una intensidad que no necesariamente refleja la realidad cotidiana.  Por ello, recomienda no tomar decisiones importantes en pleno “subidón” emocional ni intentar retener rápidamente una relación de verano mediante el matrimonio. Es importante comprobar cómo funciona la pareja cuando aparecen las responsabilidades, la rutina y las dificultades del día a día, ya que es ahí donde realmente se descubre si existe una compatibilidad sólida.
Por Instituto Carbonell • 12 de octubre de 2026
El Dr. José Carbonell explica que querer a una persona no justifica mantener una relación cuando existe una falta constante de respeto, malos tratos o comportamientos que deterioran la autoestima y el bienestar personal. Aunque se sigan teniendo sentimientos, no se debe justificar el comportamiento de la pareja simplemente atribuyéndolo a su carácter.  Señala que la acumulación de señales de alarma debe hacer reflexionar sobre la continuidad de la relación. El amor no exime a nadie de la responsabilidad de respetar al otro, y mantener una relación no debería implicar desgastarse o aceptar situaciones que perjudican la propia integridad. Por ello, considera que el bienestar y la integridad personal deben estar por delante de intentar salvar una relación que claramente va a peor.
Por Instituto Carbonell • 11 de octubre de 2026
El Dr. José Carbonell explica que en una relación de pareja pedir “dame una oportunidad” puede ser razonable cuando se ha cometido un error sin mala intención, especialmente si la persona reconoce lo ocurrido, aprende de ello y trata de hacerlo mejor. No todas las personas son perfectas y algunos errores pueden surgir simplemente por desconocimiento de cómo determinadas acciones afectan a la pareja.  Sin embargo, señala que hay situaciones diferentes cuando existe premeditación o se oculta deliberadamente información que puede perjudicar o hacer sentir menos a la otra persona. En esos casos, considera importante valorar no solo el error cometido, sino también la intención y la forma en que se ha producido antes de decidir si merece una nueva oportunidad.