CERCA PERO LEJOS
Matthew Lieberman, neurocientífico, sostiene que, en la última década, el mundo ha evolucionado en una dirección preocupante: más soledad y mayor polarización política. La pandemia aceleró una tendencia previa de aislamiento social, haciendo evidente que, aunque no necesitamos la conexión social para sobrevivir como el agua o la comida, sí es esencial para el bienestar. De hecho, la soledad prolongada tiene efectos físicos reales, como inflamación crónica, asociada a enfermedades graves y mayor mortalidad.
A pesar de contar con más herramientas tecnológicas que nunca, estas no han resuelto el problema de fondo. Según Lieberman, sirven para mantener relaciones existentes, pero no para crear nuevas.
Además, advierte del riesgo de que la IA se convierta en un sustituto del contacto humano, especialmente entre los jóvenes, lo que podría aumentar la dependencia emocional sin ofrecer la riqueza y complejidad de las relaciones reales.
En el ámbito laboral, la expansión del teletrabajo ha confirmado parcialmente sus teorías: aunque trabajar desde casa tiene ventajas claras, también reduce las interacciones espontáneas que fomentan la creatividad y la colaboración. Esos momentos informales, como conversaciones de pasillo, son difíciles de replicar en entornos virtuales. Por eso, Lieberman cree que aún no hemos encontrado una solución que equilibre productividad y conexión social.
Según en Dr. Carbonell, es esencial exponerse en entornos sociales (clubes, actividades, grupos) donde puedan surgir conexiones, aunque no de forma inmediata. También es importante transformar conocidos en amigos mediante curiosidad genuina, escucha activa y apertura personal. Las relaciones profundas requieren asumir ciertos riesgos emocionales, pero los estudios muestran que este tipo de conversaciones son valoradas y fortalecen el vínculo humano.



