EL SUEÑO Y LA REGULACIÓN EMOCIONAL

25 de marzo de 2026

El mundo de los sueños sigue siendo, a día de hoy, un misterio. A pesar de décadas de investigación, todavía no existe una respuesta definitiva a por qué soñamos. 


Sin embargo, la evidencia científica actual coincide en algo importante: el sueño desempeña un papel clave en la regulación de nuestras emociones y el interés por entender su función ha ido aumentando. Hoy, disciplinas como la psicología, la neurociencia y la psiquiatría estudian este fenómeno desde una perspectiva más empírica y basada en la ciencia. 


En este sentido, la fase REM del sueño tiene un papel importante. Según la National Sleep Foundation (NSF), en esta etapa se procesan recuerdos, aprendizajes y, en especial, experiencias con carga emocional. 


Por otro lado, la Asociación Americana de Psicología (APA) define la catarsis como una liberación de emociones intensas. No obstante, en el marco científico actual, este término se utiliza con cautela.
En este mismo contexto, se encuentran los “sueños catárticos” pero, ¿qué son realmente?


Aplicado al sueño, lo que coloquialmente se denomina “sueño catártico”, puede describirse como un proceso de reactivación y reorganización de memorias emocionales. Durante el sueño, especialmente en fase REM, el cerebro reactiva experiencias previas y las integra con otras memorias, lo que puede contribuir a modular su intensidad emocional y explica por qué a veces despertamos con sensación de alivio. 


De todas formas, como señalan expertos, no sería necesario recordar los sueños ya que la regulación emocional ocurre igualmente de forma inconsciente. 


Aún así algunos sueños, como las pesadillas, pueden tener el efecto contrario al provocar una reactivación del estrés sin llegar a resolverse. Se relacionan con eventos estresantes cotidianos, los cuales se incorporan al sueño para buscar posibles soluciones y practicarlas, antes de afrontarlos en el momento del despertar. Por ello, sería recomendable modificar ciertos hábitos como reducir la ingesta excesiva o ciertos alimentos pesados en la noche, reducir la exposición a contenidos de carácter aterrador a través de películas o libros, así como evitar el consumo de ciertas sustancias como el alcohol. 

 

En opinión del Dr. Carbonell, soñar es un proceso natural del cerebro que contribuye a la regulación de las emociones. En este sentido, los llamados sueños catárticos se entienden como una forma de actividad mental durante el sueño, en la que el cerebro continúa procesando experiencias emocionales con el objetivo de favorecer el equilibrio psicológico.


Por Instituto Carbonell 6 de agosto de 2026
Las olas de calor no solo repercuten en la salud física, sino también en el bienestar emocional. El aumento de la temperatura puede provocar cansancio, irritabilidad, dificultades para dormir, problemas de concentración e incluso síntomas similares a los de la ansiedad, como taquicardia o sensación de ahogo. Según la psicóloga Sandra López, directora de l'Institut Psicològic Arrels, estos cambios físicos pueden intensificar la ansiedad, especialmente en personas más vulnerables. Además, el calor extremo y las noticias sobre incendios o fenómenos meteorológicos pueden aumentar la ansiedad y una preocupación constante por las consecuencias del cambio climático. La Asociación Americana de Psicología (APA) lleva años alertando sobre el impacto del cambio climático en la salud mental. En la misma línea, María Pastor-Valero, profesora de la Universidad Miguel Hernández de Elche, señala que el incremento de las olas de calor podría hacer que cada vez más personas experimenten este tipo de ansiedad. Los expertos recomiendan mantener una buena hidratación, descansar adecuadamente, limitar la exposición al calor e informarse a través de fuentes fiables sin caer en la sobreexposición a las noticias. También destacan la importancia de encontrar un equilibrio entre la preocupación y la acción, evitando tanto el catastrofismo, como la negación del problema. En opinión del Dr. Carbonell, la adopción de hábitos saludables de autocuidado constituye una medida esencial para favorecer el equilibrio físico y emocional, así como para promover y preservar una adecuada salud mental.
Por Instituto Carbonell 5 de agosto de 2026
Durante mucho tiempo se creyó que la personalidad era prácticamente inmutable. Sin embargo, la investigación actual demuestra que el cerebro mantiene neuroplasticidad, es decir, la capacidad de reorganizar sus conexiones y modificar patrones emocionales a lo largo de la vida. Las experiencias de la infancia influyen en el desarrollo de la amígdala y la corteza prefrontal, dos áreas claves para gestionar las emociones. Por ello, muchas reacciones automáticas tienen su origen en aprendizajes tempranos. El neurocientífico Eric Kandel explica que los cambios psicológicos duraderos implican también cambios en los circuitos cerebrales. Además, diversas investigaciones sugieren que una psicoterapia eficaz puede reducir la actividad de la amígdala y reforzar las áreas cerebrales encargadas del control emocional. Aunque la personalidad tiene una base biológica, la evidencia científica indica que no estamos condenados a repetir siempre los mismos patrones. Con tratamiento y nuevas experiencias es posible desarrollar una mejor regulación emocional y relaciones más saludables. El contenido de este artículo procede de una publicación original del 2026 en The Conversation , elaborada por Paloma López, profesora e investigadora del Grupo de Investigación en Cognición, Afecto y Resiliencia de la Facultad de Ciencias de la Salud. En opinión del Dr. Carbonell, no estamos definidos únicamente por nuestro pasado. La psicoterapia puede ayudarnos a comprender nuestros patrones emocionales y desarrollar formas más saludables de relacionarnos.
Por Instituto Carbonell 3 de agosto de 2026
Con el paso del tiempo es normal perder masa muscular y aumentar la grasa corporal. Sin embargo, cuando ambas cosas aparecen a la vez, podrían aumentar el riesgo de padecer deterioro cognitivo en las personas mayores. El término a lo que hace referencia este hecho se conoce como obesidad sarcopénica. Un estudio realizado en colaboración con diferentes universidades, entre ellas la Universidad Rovira i Virgili (URV), el Institut de Recerca Biomèdica (IRB) CatSud y el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), y realizado en 2025 por diferentes investigadores entre los que figuran Héctor Vázquez-Lorente y Jordi Salas-Salvadó, entre otros, analizaron durante seis años a 1.097 personas de entre 55 y 75 años con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. Fue un estudio longitudinal que tenía como objetivo estudiar si la obesidad sarcopénica tenía relación con la evolución de la función cognitiva y su deterioro. Los resultados obtenidos mostraron que las personas con obesidad sarcopénica tenían un mayor porcentaje de deterioro cognitivo global y un riesgo más alto de desarrollar un deterioro cognitivo sutil, considerado una fase anterior al deterioro cognitivo leve. Por otra parte, ni la obesidad en sí misma ni la sarcopenia por sí sola se asociaron con un peor rendimiento cognitivo, lo que indicaría que posiblemente la combinación de ambas podría ser perjudicial para la salud mental. Los investigadores ponen de manifiesto la importancia de una detección precoz de esta condición y la promoción de hábitos de vida saludables, como una alimentación equilibrada y la práctica de ejercicio físico de forma regular, con el objetivo de preservar la salud física y tener una buena función cognitiva. En opinión del Dr. Carbonell, cuidarse físicamente no sólo ayuda a nivel de salud corporal, sino que también puede desempeñar un papel importante en la protección de la salud cerebral y en la prevención del deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento.