ENGANCHES EMOCIONALES

17 de marzo de 2025

Los enganches o ataduras emocionales son dependencias que algunas personas desarrollan hacia ciertas emociones, relaciones o situaciones, lo que afecta su bienestar personal y emocional. Según la psicóloga María Dueñas, estas ataduras ocurren cuando una persona se vuelve demasiado dependiente de otros para sentirse bien consigo misma. Esto es común en situaciones donde alguien necesita constantemente la aprobación o el cariño de su pareja, amigos o familiares para sentirse feliz y completo. A veces, estas dependencias pueden ser tan fuertes que impiden a las personas crecer emocionalmente.


Las causas de estas ataduras emocionales pueden ser diversas. A menudo se originan en experiencias pasadas, como una infancia en la que no se recibía suficiente amor o apoyo. También pueden surgir cuando una persona tiene baja autoestima y busca constantemente validación de los demás para sentirse valorada.


Las consecuencias de estas ataduras emocionales pueden ser muy negativas. Las relaciones pueden volverse tóxicas y desequilibradas, lo que genera ansiedad y limita el crecimiento personal. Superar las ataduras emocionales puede ser un desafío, pero es posible. El primer paso es aprender a valorarse a uno mismo y establecer límites saludables con los demás.



En opinión del Dr. Carbonell y E. Llinás, las ataduras emocionales limitan nuestra capacidad de vivir una vida plena y saludable. Superarlas implica un proceso de autoconocimiento, establecimiento de límites y, si es necesario, apoyo profesional para lograr una mayor libertad emocional.


Por Instituto Carbonell 19 de abril de 2026
El Dr. José Carbonell explica que el optimismo tóxico aparece cuando una persona intenta ver siempre el lado positivo de todo, incluso por encima de la realidad o del sentido común. Señala que, aunque el optimismo puede ser útil como forma de afrontar el día a día, llevado al extremo se convierte en un mecanismo de negación que puede resultar perjudicial. Advierte que este tipo de actitud puede alejar a la persona de lo que realmente está ocurriendo, especialmente cuando se minimizan problemas reales, situaciones de sufrimiento o faltas de respeto. En estos casos, ese exceso de optimismo no ayuda, sino que impide afrontar y resolver los conflictos de manera adecuada. Por ello, concluye que el equilibrio está en mantener una visión positiva sin perder el contacto con la realidad, utilizando siempre el sentido común como referencia para no ignorar aquello que realmente necesita ser atendido.
Por Instituto Carbonell 18 de abril de 2026
El Dr. José Carbonell explica que cuando alguien nos hace daño solemos quedarnos esperando a que esa persona nos pida perdón, entrando en un estado emocional en el que nuestro bienestar depende de una acción externa. Señala que esto no es saludable, porque pone nuestra felicidad en manos de otros. Por ello, propone un cambio de enfoque: en lugar de esperar ese perdón, es más importante aprender a gestionarlo uno mismo, empezando por perdonarse a sí mismo por ser humano y por haberse visto afectado. También insiste en evitar el auto-reproche, ya que muchas veces no solo duele lo que nos hacen, sino lo que nos decimos después a nosotros mismos. La clave, según explica, está en aceptar que siempre habrá personas o situaciones que puedan incomodarnos, pero trabajar para que eso no nos afecte en exceso. De esta forma, el perdón externo deja de ser imprescindible y se gana en equilibrio emocional y bienestar personal.
Por Instituto Carbonell 17 de abril de 2026
El Dr. José Carbonell explica que las personas egoístas tienden a priorizar siempre sus propias necesidades con total naturalidad, lo que puede generar desequilibrios importantes en relaciones de pareja, familiares, laborales o de amistad. Aunque en algunos momentos pueda parecer tolerable o incluso compensar, advierte que a largo plazo este tipo de dinámicas acaban pasando factura. Señala que con el tiempo uno puede darse cuenta de que ha estado cediendo demasiado y que la otra persona ha construido la relación a su favor. Por ello, insiste en que no poner límites no solo perjudica a quien lo sufre, sino que también refuerza ese comportamiento egoísta. La clave está en identificarlo a tiempo, comunicarlo y establecer límites claros para evitar que la relación se deteriore o se vuelva insostenible.