LA PSICOLOGÍA DEL EXTREMISMO

20 de marzo de 2026

¿Qué impulsa a una sociedad hacia posturas ideológicas extremas en momentos específicos de la historia? La respuesta reside, en gran medida, en el impacto que el estrés psicosocial y la incertidumbre sostenida tienen sobre nuestra mente.


Cuando nos enfrentamos a periodos prolongados de miedo o falta de control, nuestro cerebro busca mecanismos de defensa. En estas circunstancias, las ideologías cerradas actúan como un refugio: ofrecen respuestas lineales y estructuras sólidas frente al caos exterior. Existe una correlación directa entre el malestar emocional de una población y su inclinación hacia políticas de corte rígido.


El estrés no es solo una sensación, sino un factor que altera nuestra capacidad cognitiva. Lo que sucede bajo presión es:


  • La flexibilidad cognitiva se reduce: nos cuesta más adaptar nuestro pensamiento a nuevos escenarios.
  • Baja la tolerancia a la ambigüedad: lo que antes aceptábamos como "matices", ahora nos resulta insoportable.
  • Aparece el pensamiento dicotómico: el cerebro simplifica la realidad en categorías de "blanco o negro" para aliviar la carga mental.


En este sentido, la radicalización no debe verse como un fallo moral aislado, sino como una reacción neuropsicológica previsible ante un entorno hostil. 


Para frenar el avance del fanatismo, no basta con el debate ideológico; es fundamental intervenir en la base. Resulta prioritario cultivar espacios culturales y educativos que premien la curiosidad y la creatividad. Así haremos que la mente conserve su capacidad de adaptación, convirtiéndose en el mejor blindaje frente a las narrativas absolutas.


En opinión del Dr. Carbonell, la polarización del pensamiento es, en esencia, una respuesta adaptativa de una mente que se siente vulnerable. Recuperar la serenidad y fomentar entornos que reduzcan la percepción de amenaza es clave para que el individuo recupere su capacidad de análisis crítico. 

Por Instituto Carbonell 31 de julio de 2026
Según un artículo publicado en “La Vanguardia”, el estrés laboral provoca más de 643.000 bajas por salud mental en España. La sobrecarga de trabajo se ha convertido en una de las principales causas de baja laboral por problemas de salud mental. Según el catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Valencia, Adrián Todolí, las bajas por este motivo han pasado de 280.000 en 2016 a más de 643.000 en 2024, el doble en solo ocho años. Dolors Liria, psicóloga y vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya, alerta de que todavía muchas personas normalizan el estrés porque lo relacionan con ser más productivas. Sin embargo, cuando esta situación se mantiene en el tiempo puede provocar ansiedad, depresión, apatía, dificultades para trabajar en equipo y el conocido síndrome de burnout, reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A nivel físico, el exceso de trabajo también puede causar insomnio, nerviosismo, dolores de cabeza y problemas gastrointestinales, mientras que a nivel conductual aumenta la irritabilidad y los conflictos tanto en el entorno laboral como personal. Los expertos coinciden en que el problema no reside únicamente en la duración de la jornada, sino en la intensidad y la carga de trabajo, un aspecto que consideran insuficientemente regulado. En opinión del Dr. Carbonell, no debería normalizarse el estrés laboral ni considerarse un símbolo de productividad, además, cuidar la salud mental y regular adecuadamente la carga de trabajo es esencial para proteger el bienestar de las personas y mejorar el rendimiento de forma sostenible.
Por Instituto Carbonell 29 de julio de 2026
Una investigación publicada en The Lancet realizada por los Colaboradores del GBD 2023 sobre trastornos mentales señala que los problemas de salud mental afectan actualmente a unos 1.200 millones de personas, lo que representa el 14% de la población mundial. El incremento registrado desde 1990 se debe tanto a una mejor identificación de estos trastornos como a factores como la pobreza, los conflictos, los desastres naturales y las consecuencias de la pandemia.  Los trastornos que más han crecido son la ansiedad y la depresión, especialmente entre los adolescentes. Además, las enfermedades mentales se han convertido en la principal causa de discapacidad a nivel mundial, ya que reducen de forma importante la calidad de vida de quienes las padecen. En España también se observa un aumento notable de la ansiedad y la depresión. Sin embargo, los especialistas advierten de que la atención en salud mental sigue siendo insuficiente debido a la escasa inversión, la falta de profesionales y las largas listas de espera. Los expertos concluyen que es imprescindible reforzar los servicios de salud mental, facilitar el acceso a tratamientos y poner en marcha medidas de prevención, sobre todo para proteger a los jóvenes y a las mujeres, que son los grupos más afectados. En opinión del Dr. Carbonell, cada vez vemos más personas con ansiedad, depresión u otros problemas emocionales, y pedir ayuda a tiempo puede marcar una gran diferencia. Este estudio demuestra la necesidad urgente de reforzar la prevención y el acceso a la atención psicológica y psiquiátrica.
Por Instituto Carbonell 28 de julio de 2026
La vergüenza es una emoción universal que nos ayuda a aumentar la responsabilidad individual, reconocer nuestros errores y favorecer los valores sociales, ayudando a regular diferentes conductas. Sin embargo, cuando se intensifica o cronifica, puede tener consecuencias importantes sobre la salud mental y dificultar el equilibrio emocional. En el artículo publicado en el 2025 en The British Journal of Psychiatry, los autores Brian Lawlor (psiquiatra y Director fundador del Trinity College Dublin), Sandra Báez (neuropsicóloga), Hernando Santamaría-García (psiquiatra y doctor en biomedicina) y Agustín Ibáñez (neurocientífico), analizaron el papel de la vergüenza desde un punto de vista clínico y neurocientífico. A través de la evidencia científica disponible revisaron su papel en el funcionamiento cerebral, en las interacciones sociales y en el desarrollo de distintos trastornos mentales. Las conclusiones a las que llegaron fueron que la vergüenza patológica está relacionada con un mayor riesgo de depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria y de consumo de sustancias. A su vez, aumenta el aislamiento social, la autocrítica excesiva y la dificultad para pedir ayuda. También se destaca en el artículo como experiencias tempranas de humillación o rechazo pueden contribuir al desarrollo de la vergüenza patológica. En conclusión, tratar la vergüenza en la evaluación y tratamiento psicológico puede favorecer una recuperación más completa, así como promover entornos educativos y sociales donde se desarrolle la empatía y el bienestar psicológico. En opinión del Dr. Carbonell, no siempre los pacientes hablan de la vergüenza que sienten en las consultas, aunque esta les provoque un malestar significativo. Hablar abiertamente de esta emoción, identificarla y trabajarla puede ayudar a mejorar la autoestima, reducir el malestar psicológico y mejorar la recuperación.