Consejos para ayudar a tu hijo introvertido

17 de julio de 2015

En realidad, la introversión no es un trastorno sino un rasgo de la personalidad que, en muchas ocasiones, dificulta las relaciones sociales. Aunque no existe una edad establecida para el comienzo de la introversión, sí podemos afirmar que a partir de los 4 años una persona ya tiene una representación básica sobre sí misma. Lo cierto es que podemos comprobar cómo los niños extrovertidos establecen rápidamente comunicación con los demás mientras que los introvertidos se quedan más parados y les cuesta entablar conversaciones, hecho que suele preocupar a los padres.

A aquellos padres que sientan esta preocupación, una serie de consejos y pautas de actuación pueden servirles de gran ayuda.

  • No forzar al niño . En encuentros sociales, hacerle saber que hay más niños y que puede involucrarse. Es útil sugerir juegos o actividades de tiempo libre, pero sin establecer una obligación.
  • No etiquetar . No es aconsejable asumir por el niño la introversión, ni hablar en su nombre ni dar explicaciones por su falta de interacción.
  • Ensayar con el niño situaciones sociales . Es el denominado “role playing”. Mamá o papá representan el papel de la persona a la que el niño pide algo; un amigo, un camarero, etc. Eso les hace tomar seguridad ante las situaciones.

Aún así, debemos aprender a distinguir la introversión de la timidez. Esta última no es un rasgo de la personalidad pues la persona tímida quiere relacionarse pero se inhibe de hacerlo. En estos casos, es importante detectar la timidez y trabajar pequeñas técnicas con las que dotar al niño de habilidades sociales. Es importante no etiquetarlos y no sobreprotegerlos para que ellos resuelvan por sí mismos aquellas situaciones en las que sientan la timidez. Es fundamental reforzarlos, no criticarlos y favorecer actividades que promuevan el contacto con otros niños.

 

Por Instituto Carbonell 15 de marzo de 2026
El Dr. José Carbonell explica que la palabra “fracaso” debería desaparecer de nuestro diccionario mental, porque suele asociarse únicamente a algo negativo que puede hacernos sentir mal con nosotros mismos y con los demás. Señala que cuando no alcanzamos las expectativas que nos habíamos marcado, en realidad no estamos fracasando, sino viviendo una experiencia de aprendizaje . Lo importante es analizar lo ocurrido, entender qué ha pasado y utilizar esa información para mejorar en las siguientes etapas de la vida. Concluye que, más que ver el fracaso como algo definitivo o negativo, debemos interpretarlo como parte natural del proceso de crecimiento , una oportunidad para aprender y evitar repetir los mismos errores en el futuro.
Por Instituto Carbonell 14 de marzo de 2026
El Dr. José Carbonell explica que los amores platónicos son muy comunes y que muchas personas los experimentan en algún momento de su vida. Señala que se basan en una idealización de la otra persona, en la que proyectamos cualidades o perfecciones que en realidad responden más a nuestros deseos que a la realidad. Advierte que esta idealización puede llevar a compararnos con esa persona y a sentirnos inferiores o insuficientes, lo cual no resulta saludable ni beneficioso para nuestra autoestima. Por ello, recomienda no invertir tanta energía en idealizar a alguien , sino centrarla en uno mismo: reconocer las propias cualidades, desarrollar el crecimiento personal y fortalecer la autoestima. Concluye que el foco debe ponerse en valorarse y construirse a uno mismo, en lugar de colocar a otra persona en un pedestal.
Por Instituto Carbonell 13 de marzo de 2026
El Dr. José Carbonell explica que sí puede existir una segunda oportunidad después de una ruptura , pero advierte que debe afrontarse con cautela. Señala que muchas personas desean volver con su expareja sin analizar primero por qué la relación terminó. Destaca que, si la ruptura se produjo por desilusiones, conflictos o falta de bases sólidas en la relación, es fundamental preguntarse qué nuevos “mimbres” o fundamentos se van a construir para que esta vez funcione. Si no se cambian las dinámicas que provocaron el problema, existe el riesgo de repetir exactamente el mismo fracaso. Concluye que una segunda oportunidad solo tiene sentido si llega acompañada de nuevas energías, nuevas ilusiones, objetivos diferentes y un proyecto renovado , que permita construir una relación distinta y más sólida que la anterior.