El estrés infantil y su reflejo en la edad adulta

26 de febrero de 2015

La infancia es, sin duda alguna, un período crucial en el desarrollo del ser humano y una base sobre la que se sustenta gran parte de su futuro bienestar como adulto. El ambiente social en el que crecemos supone un elemento fundamental e influyente en nuestra salud por lo que debemos reconocer la infancia como una etapa de oportunidades en términos de salud. Un análisis sobre la infancia, como período esencial para el desarrollo de los sistemas fisiológicos, ayuda a comprender los mecanismos que pueden alterar la salud de un individuo a lo largo de su vida. Por ello, un cuidado adecuado y una protección social, económica y psicosocial durante la niñez influirá positivamente en la salud de nuestros hijos cuando lleguen a adultos.

Las experiencias adversas durante la infancia, parámetro conocido como ACE (Adverse Childhood Experiences), se construye con datos sobre circunstancias familiares que pueden generar estrés en el niño. Estas vivencias negativas están relacionadas con un mayor desgaste fisiológico una vez alcanzada la edad adulta, como demuestran estudios como el publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). El vínculo entre traumas infantiles y problemas de salud posteriores se explican por tres vías: socioeconómica, comportamental y biológica. Los niños que han sufrido adversidades tienen en promedio en su vida adulta un nivel educativo y socioeconómico más bajo y a su vez son más propensos a adoptar comportamientos de riesgo para su salud. En resumen, podemos concluir que un ambiente psicosocial estresante para el niño guarda relación directa con peores datos de salud en las siguientes décadas de su vida.

Por Instituto Carbonell 1 de febrero de 2026
El Dr. José Carbonell explica que criticar a los demás es una conducta muy extendida en todos los ámbitos de la vida, como el trabajo, la pareja o la familia, y que a menudo lo negativo parece atraer más que lo positivo. Señala que detrás de esta tendencia suelen estar la envidia, el rencor, la comparación constante y, en algunos casos, una cierta satisfacción ante el fracaso ajeno. Plantea que este comportamiento está relacionado con el proceso de maduración personal. Cuando somos más jóvenes, tendemos a tener expectativas poco realistas y una visión muy crítica tanto del mundo como de nosotros mismos y de los demás. Con el paso del tiempo, al madurar, comprendemos que la vida no es exactamente como la imaginábamos, que todas las personas tienen defectos y limitaciones, y que nadie es perfecto. Por ello, recomienda no invertir energía en la crítica constante, ya que lo negativo no aporta bienestar. En su lugar, invita a fomentar una actitud más positiva, centrarse en lo bueno, hacer sentir bien a las personas del entorno y, de ese modo, también mejorar el propio bienestar emocional.
Por Instituto Carbonell 31 de enero de 2026
El Dr. José Carbonell explica que no todas las infidelidades son iguales y que cada caso debe analizarse de manera individual y en profundidad. A partir de su experiencia clínica, señala que existen distintos tipos de infidelidad y que no siempre implican desamor, desprecio o una ruptura previa del vínculo de pareja. En algunos casos, perdonar una infidelidad puede convertirse en una oportunidad para afrontar y resolver problemas profundos que ya existían en la relación. Asimismo, indica que hay infidelidades que surgen de situaciones imprevistas, de dificultades en la comunicación o de características personales, lo cual no las justifica, pero sí ayuda a comprender el contexto en el que se producen. Destaca que muchas relaciones largas pueden superar estos episodios si se trabajan adecuadamente, y que en su práctica ha visto parejas que han logrado dejar atrás la infidelidad y continuar juntas. Subraya que la decisión de perdonar o no corresponde a la persona que se siente dañada, quien debe reflexionar sobre lo que desea y puede asumir. En conclusión, recalca la importancia de valorar las consecuencias a corto, medio y largo plazo y de no tomar decisiones automáticas, ya que no todas las infidelidades conducen necesariamente al final de una relación.
Por Instituto Carbonell 30 de enero de 2026
El Dr. José Carbonell explica que el denominado “síndrome de la mujer bella” es un arma de doble filo, ya que la belleza puede generar tanto ventajas como importantes dificultades en la vida personal y social. Señala que muchas mujeres que se cuidan, se esfuerzan por estar siempre en su mejor versión y han sido valoradas por su apariencia desde pequeñas, invierten mucho tiempo y energía en sí mismas, lo que puede resultar gratificante a nivel personal, pero también provocar un impacto negativo en su entorno. Expone que, aunque la belleza puede facilitar ciertas oportunidades, como el acceso al trabajo, a menudo obliga a demostrar constantemente que el valor personal y profesional no depende solo de la imagen, sino de las capacidades y el esfuerzo. En las relaciones de pareja, puede generar inseguridades, celos o la necesidad de tranquilizar al otro, y en los entornos sociales puede despertar envidias o rechazo injustificado. Por ello, subraya que muchas veces las personas bellas pueden convertirse en víctimas de su propia belleza y que ser una mujer bella no implica necesariamente ser una mujer feliz. Destaca la importancia de aprender a gestionar las reacciones del entorno, aceptar que siempre habrá atracción o envidia, y centrarse en lo fundamental: gustarse a una misma y no permitir que la opinión externa afecte al propio bienestar.