Instituto carbonell

El maldito sentimiento de culpa

4 de agosto de 2015

Para situarnos, podemos empezar afirmando que el ser humano es el único animal que alberga sentimiento de culpa. Ello nos ocasiona sensaciones de malestar, ansiedad, incertidumbre, arrepentimiento o falta de autoestima. Y además, la culpa puede ser utilizada para manipular o controlar a otras personas, como en el caso del chantaje emocional.

Existen dos tipos básicos de sentimiento de culpa; el real y el falso. El real aparece cuando de forma objetiva somos responsables de actos de los que nos arrepentimos. El falso, por su parte, nos hace sentir responsables de algo que no nos corresponde, como les sucede a los supervivientes de catástrofes o a los hijos durante el divorcio de sus padres.

Tener la capacidad de sentir culpa es algo saludable ya que nos ayuda a discernir entre las buenas y las malas conductas. Pero vivir anclados en la culpa es algo absolutamente insano. Este sentimiento obsesivo de culpa es más común en personas impulsivas o en perfeccionistas que se torturan a menudo por su alto nivel de autoexigencia. Por otro lado, existen personas, como es el caso de los psicópatas, que no sienten culpa ya que carecen de empatía y no se perciben responsables del daño causado a otros.

Culpa y vergüenza suelen ir de la mano ya que la vergüenza se asocia al juicio que otros harán de nosotros y de nuestras acciones, mientras la culpa es el propio malestar. La culpa es sinónimo de responsabilidad y se relaciona con la buena o mala conducta, algo muy valorado por el entorno social.

Ante todo ello, los primeros pasos para no desvivir en la culpa consisten en identificar el tipo de culpa, dónde recae la responsabilidad y las razones que nos llevan a sentirla. Debemos aceptar nuestras acciones o decisiones y de nada sirve fustigarse por ellas sino que hay que adoptar decisiones proactivas. En lugar de quedarnos hundidos en el fango de la culpa, debemos preguntarnos “¿cómo lo voy a arreglar?”.

Por Instituto Carbonell • 27 de octubre de 2026
Elegir las actividades extraescolares al inicio del curso es una oportunidad excelente para el desarrollo integral de los más jóvenes. Según explica el periodista Adrián Cordellat en un artículo publicado en El País, la práctica deportiva no solo beneficia la aptitud física, sino que potencia la capacidad intelectual, fortalece la salud mental y mejora la calidad del sueño. Cristina Cadenas Sánchez y la Dra. Eva Ferrer Vidal-Barraquer, expertas en pediatría y medicina del deporte, destacan que el ejercicio ayuda a planificar, organizar con rapidez, gestionar el estrés y desarrollar resiliencia emocional ante las derrotas. Es decir, mejora la flexibilidad cognitiva, además de reducir fisiológicamente el estrés y la ansiedad, ayudando a los menores a gestionar la frustración. ¿Qué pautas podéis seguir las familias para acompañar a vuestros hijos y lograr que disfruten de todos estos beneficios? Evitar la especialización precoz: en los más pequeños, es aconsejable optar por propuestas multideportivas que amplíen sus habilidades antes de centrarlos en una sola disciplina. Escuchar e involucrar a los hijos: conocer sus intereses ayuda a motivarlos, adaptando la decisión a las posibilidades y rutinas de la familia. No imponer la actividad: obligar a un niño a practicar un deporte que no le agrada solo genera rechazo y aversión hacia el ejercicio. Cuidar el descanso y la constancia: mantener una rutina deportiva regular favorece la disciplina académica y asegura un sueño nocturno reparador. En opinión del Dr. Carbonell, el deporte actúa como un pilar preventivo para la salud física y mental. Acompañar a los hijos desde el equilibrio y el disfrute ayuda a prevenir tensiones y, cuando existen dificultades continuadas en su bienestar o adaptación, contar con la orientación de un especialista es de gran ayuda.
Por Instituto Carbonell • 20 de octubre de 2026
El insomnio se ha convertido en un importante problema de salud pública en España, donde aproximadamente el 43 % de la población presenta algún síntoma y el 14 % de los adultos sufre insomnio crónico. Una investigación liderada por Francesca Cañellas, psiquiatra especializada en Medicina del Sueño, en la que participaron ocho unidades del sueño españolas, confirmó la existencia de cinco subtipos de insomnio. Los resultados mo straron que el 82 % de los pacientes atendidos pertenecían a los subtipos 1 y 3, considerados los más complejos, y que muchos llevaban más de siete años padeciendo este problema antes de acudir a consulta. El subtipo 1 se caracteriza por un insomnio grave, una elevada angustia y síntomas depresivos, mientras que el subtipo 3 presenta una tendencia a la negatividad y una respuesta deficiente a los tratamientos. Por otro lado, las redes sociales difunden numerosos trucos para mejorar el sueño, como por ejemplo ducharse a oscuras antes de acostarse. Sin embargo, los expertos, como María José Martínez Madrid, doctora en Fisiología, señalan que no existen estudios específicos que demuestren la eficacia de este método para combatir el insomnio. Aun así, las duchas templadas, de entre 38 y 40 grados, durante unos 10 minutos y una o dos horas antes de dormir, pueden facilitar la conciliación del sueño y mejorar su calidad. Además, reducir la iluminación por la noche, utilizar luces cálidas y evitar las pantallas ayuda a favorecer la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. Por tanto, aunque ducharse a oscuras puede contribuir a la relajación, no es una solución milagrosa. Lo más importante es mantener una rutina nocturna saludable y constante. En opinión del Dr. Carbonell, es fundamental dar más importancia al insomnio, ya que puede afectar gravemente a la salud y a la calidad de vida. Si el insomnio persiste, lo mejor es acudir a un profesional de la salud mental para recibir ayuda adecuada.
Por Instituto Carbonell • 20 de octubre de 2026
El Dr. José Carbonell explica que algunas personas afrontan las relaciones de pareja de una manera muy práctica, valorando continuamente los aspectos positivos y negativos de la otra persona para decidir si quieren continuar conociéndola o darle una nueva oportunidad. Aunque este método pueda parecer útil para tomar decisiones, también puede hacer que la relación se convierta en una evaluación constante, como si cada cita fuera una especie de examen.  Señala que es comprensible que cada persona tenga sus preferencias y límites, como no querer una pareja con determinadas cargas personales o con poca disponibilidad. Sin embargo, advierte que convertir continuamente la relación en una “balanza” de pros y contras puede condicionar la forma de relacionarse y dificultar que la conexión se desarrolle de manera natural.