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Expectativas vs. Realidad: Cómo evitar la frustración emocional

14 de marzo de 2025

Las expectativas son las creencias o deseos que tenemos las personas sobre cómo nos gustaría que fueran o cómo deberían ser las cosas en el futuro. Es decir, una expectativa es una proyección de un objetivo o un resultado en el futuro.


Según Ruiz, las expectativas se relacionan con la creencia que tiene una persona sobre si sus acciones afectarán o no los resultados, a esto lo llaman “Locus de control”. Aquí influyen dos aspectos importantes, por un lado, tenemos la creencia de que lo que nos ocurre se encuentra fuera de nuestro control, es decir, el resultado dependerá de la suerte, de otras personas o del contexto (externalismo). Y por otro lado, está la creencia de que lo que nos pasa depende únicamente de nosotros mismos y de lo que hacemos (internalismo).


Las expectativas forman parte de nuestra vida y nos ayudan a enfocar nuestras acciones hacia ciertos objetivos. Sin embargo, cuando los resultados no son los que esperábamos, esto puede generar frustración y en algunos casos puede llevar a que la persona se paralice, es decir, que surja esa sensación de quedarse estancada o la incapacidad de actuar.

Según el artículo, es muy importante aceptar que no siempre es posible controlar todo y que pueden surgir obstáculos. Las personas que se frustran, a menudo, reaccionan con ira cuando no consiguen lo que quieren, y aquellas personas con baja tolerancia a la frustración son más propensas a padecer ansiedad o depresión o si está sintomatología ya está presente a que aumente.


En opinión del Dr. Carbonell y M. Miranda, las  altas expectativas pueden generar una sensación de presión y un sentimiento de frustración o tristeza cuando creemos que debemos cumplirlas, pero nos damos cuenta de que no somos capaces de alcanzarlas. Por ello, es importante ser conscientes de esto, si no podemos manejar ciertas situaciones, buscar el apoyo de un profesional de la salud mental.


Por Instituto Carbonell • 16 de octubre de 2026
Una tendencia muy habitual que solemos tener es la de procrastinar, es decir, posponer tareas o decisiones para otro momento. Este tipo de comportamiento solemos hacerlo de forma frecuente pero puede llegar a afectar nuestro bienestar psicológico. Pero si es así, ¿por qué posponemos las cosas para más adelante? En el artículo publicado en el País Semanal en marzo de 2026 por Pilar Jericó, Doctora en Organización de Empresas y Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, explica qué hay varios factores que influyen en este comportamiento como pueden ser emociones como el miedo, la inseguridad, el perfeccionismo o la dificultad para gestionar ciertas situaciones o el malestar que puedan derivar de ellas. Como comentan varios expertos, la procrastinación no es falta de organización o pereza, sino que se da por esas emociones que no podemos gestionar bien y que hacen que aplazar una tarea nos genere un alivio temporal, aunque en realidad, este hecho puede conllevar a aumentar posteriormente la ansiedad, estrés o la culpa y afectar a nuestra autoestima. Para hacer frente a este hábito, los expertos recomiendan aprender a identificar las emociones que nos llevan a evitar o posponer una tarea, empezar poco a poco con pequeños pasos como dedicarle al principio cinco minutos, reducir las distracciones y ponernos objetivos realistas, reduciendo la autoexigencia. Aún así, hay que aprender a distinguir entre evitar una situación por miedo o inseguridad o, si se ha pospuesto por un agotamiento real que requiera de un descanso.  En opinión del Dr. Carbonell, es importante comprender que detrás de la tendencia de procrastinar hay emociones que hay que aprender a identificar y gestionar para mejorar el bienestar psicológico.
Por Instituto Carbonell • 16 de octubre de 2026
El Dr. José Carbonell explica que ceder es necesario en una relación de pareja para alcanzar un equilibrio, pero hacerlo de manera constante por miedo a perder a la otra persona puede generar una relación tóxica. Renunciar continuamente a las propias necesidades y no ser capaz de decir que no solo prolonga una situación que probablemente terminará siendo más dolorosa.  Señala que es importante no perder la propia esencia, el amor propio ni la autoestima por intentar mantener una relación. Si para que la pareja funcione una persona tiene que ceder siempre, considera que puede ser más saludable alejarse de esa situación y priorizar el propio bienestar.