Instituto carbonell

Qué es la zona de confort y cuándo salir de ella

17 de octubre de 2019

En la actualidad, se ha puesto de moda el concepto “zona de confort” ¿pero realmente sabemos cuál es su significado? Según la psicóloga Judith M- Bardwick, lo define como el estado psicológico donde la persona se siente segura, porque considera que tiene el control de sus emociones.

Las personas que no suelen salir de su “zona de confort”, siempre tienen las mismas conductas y creencias, porque les produce una sensación de seguridad. Pero los expertos explican, que esta sensación aunque creamos que es cómoda, en realidad, nos perjudica porque nos limita a no conocer ni aprender nada nuevo, incluso mejor. Por lo tanto, se recomienda ir agrandando nuestra “zona de confort”, y para eso hay que animarse a dar el paso alguna vez.

El artículo “Zona de confort” (2019) publicado en el diario ABC, explican algunas de las ventajas de salir de nuestra “zona de confort”: mejora el rendimiento, aumenta la confianza en uno mismo, crece la motivación y la creatividad. Otra ventaja es que salir nos prepara para nuevas dificultades, es decir, si siempre nos mantenemos en nuestra “zona”, nunca asumimos nuevas metas.

¿Cuándo sabemos que es el momento para salir? Existen una serie de signos que nos avisan, por ejemplo, cuando dejamos pasar oportunidades (trabajo, relaciones, viajes, …) que nos gustan pero nos produce ansiedad el cambio; cuando sientes que lo que haces no te motiva lo suficiente pero tampoco quieres cambiar por miedo; o cuando aplazas cosas que tienes pendientes de hacer pero nunca encuentras la ocasión.

¿Cuales son las ventajas de quedarse en la “zona de confort? Debemos tener en cuenta que esta zona recibe este nombre por algún motivo. Cuando nos encontramos en ella tenemos las cosas bajo control y estamos menos expuestos a ansiedad o a cambios bruscos que puedan acabar teniendo consecuencias inesperadas. Es posible que al salir, no nos guste lo que nos encontremos o que no estemos preparados psicológicamente para afrontar el cambio.

También es importante pensar que hay muchas cosas fuera de la zona de confort que pueden parecernos mejores a lo presente, cuando únicamente son novedosas. Pasados los primeros momentos de euforia por el cambio, se puede hacer una comparación más objetiva entre ambas situaciones.

En el momento, que consideremos que ya queremos cambiar, entonces daremos el paso. Tampoco deberemos hacerlo por recomendación de personas de nuestro entorno, si no estamos preparados.

En opinión del Dr. Carbonell, tan importante es saber cuándo salir de la zona de confort, como saber en qué situaciones no hacerlo, por ello debemos dedicar un periodo de reflexión antes de tomar una decisión. Si nos encontramos así y no nos vemos capaces de dar el paso, recomendamos acudir a profesionales de la salud mental que nos darán las herramientas necesarias.

 

Por Instituto Carbonell 2 de septiembre de 2026
Regresar al trabajo tras un periodo de descanso puede provocar el llamado síndrome postvacacional. Lejos de ser una enfermedad o un trastorno clínico, esta reacción temporal es un desajuste físico y emocional que surge al pasar de ritmos relajados, autonomía y flexibilidad a jornadas y responsabilidades exigentes. Al volver al trabajo de forma abrupta, pueden aparecer apatía, fatiga, dispersión mental e irritabilidad. El estudio realizado por de Bloom, Geurtsl y Kompier en 2013 muestra que el bienestar logrado en vacaciones cae con rapidez la primera semana (« Vacation (after-) effects on employee health and well-being ») y otro estudio realizado por Speth, Wendsche y Wegge en 2023 revela que la forma de reincorporarse es clave para amortiguar el desgaste (« We Continue to Recover Through Vacation! »). Para facilitar la adaptación, se recomienda repartir la carga de trabajo en los primeros días, reajustar progresivamente sueño y horarios de comidas, y proteger tiempo para hobbies y ejercicio. En opinión del Dr. Carbonell, las vacaciones suponen una alteración de nuestra rutina habitual que, paradójicamente, puede generar estrés y malestar durante la reincorporación. Su recomendación principal es retomar la rutina de manera gradual, permitiendo que el organismo y la mente se adapten al nuevo ritmo sin presiones excesivas.
Por Instituto Carbonell 31 de agosto de 2026
Cuando el tiempo pasa es normal que las relaciones de pareja que llevan juntas mucho tiempo, especialmente si superan más de 30 años, entren en un estado de conformidad y de desconexión. Pasar por momentos complicados y diferentes etapas, la rutina del día a día y la familiaridad pueden llevar a que se cree una desconexión emocional. Mantener la curiosidad en la pareja podría ser una herramienta que ayudaría a no llegar a esa desvinculación. Según explica Robert Waldinger, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Harvard y director del Harvard Study of Adult Development, para que las parejas no entren en ese estado de desconexión y mantengan una vida más feliz y saludable, es importante que no se pierdan una serie de preguntas significativas, que mantengan un interés por la vida de la pareja y se tengan conversaciones profundas. Estas conclusiones las extrae de años de investigación donde ha seguido a más de 700 personas durante décadas. Uno de los factores a los que el experto da mayor relevancia es no dar por sentado que ya sabemos todo de la persona que tenemos al lado. Preguntar a la pareja por sus sueños, qué aspectos de su vida han cambiado o qué es lo que mejor le ha hecho sentir bien últimamente, así como la empatía y la escucha activa puede ayudar a abrir un espacio de comunicación y a contribuir a sentir mayor seguridad y bienestar en la relación. En opinión del Dr.Carbonell, para mantener una relación sana de pareja no hay que evitar los problemas o buscar una relación perfecta, sino cuidarse en el día a día para conservar una buena conexión emocional. Mantener la ilusión, mostrar interés por el otro, cuidar de los pequeños detalles y ser agradecido pueden ayudar a mantener en buen estado emocional a la pareja y fortalecer el vínculo.
Por Instituto Carbonell 26 de agosto de 2026
Con la edad el sueño va cambiando, se va reduciendo la cantidad de horas que dedicamos a dormir. Pero no significa que se necesite dormir menos, si no que es más difícil conseguir dormir el tiempo adecuado. Según un metaanálisis publicado en la revista Sleep en el 2004, el sueño se va reduciendo con la edad de forma lineal, entre 10 y 12 minutos por década hasta llegar a los 60 años, en donde se estabiliza. Por otra parte, Juan Antonio Madrid, catedrático de Fisiología y fundador del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia, explica que con la edad se reduce el sueño profundo y aumentan los despertares, lo que lleva a que el sueño sea fragmentado. También explica la doctora y neurofisióloga Sandra Giménez Badia que los ritmos circadianos se van desajustando, lo que provoca que las personas mayores se acuesten más temprano y, por tanto, se despierten antes. Todos estos factores, unidos al mayor tiempo libre en esta etapa lleva a que haya una mayor necesidad de hacer alguna siesta durante el día para recuperar ese sueño. Numerosos estudios respaldan los beneficios de hacer siestas cortas de entre 15 y 30 minutos, como incremento de la atención sostenida, los niveles de alerta, mejora del humor, reducción de la tensión arterial y de los niveles de estrés. Sin embargo, cuando en esta etapa se hacen por encima de ese tiempo o diariamente por las mañanas, esos beneficios se pierden y pueden ser un indicio de que algo no va bien. Es importante seguir las recomendaciones de los expertos manteniendo una buena rutina de sueño y mantenerse activos por las mañanas, haciendo ejercicio y exponiéndose a la luz natural, así como hacer una siesta corta al mediodía si es necesario y, activándose otra vez por la tarde. En opinión del Dr. Carbonell, es fundamental tener una buena rutina de sueño asegurando que sea de calidad, así como prestarle la suficiente atención en las consultas médicas para detectar cualquier anomalía y poder actuar a nivel preventivo lo antes posible.