Claves para enfrentarse a un duelo

2 de noviembre de 2017

El duelo es una reacción normal ante la pérdida de un ser querido que se caracteriza entre otras cosas por sentimientos de añoranza, ansiedad, dolor emocional y físico, además de una dificultad para aceptar que la persona haya fallecido y para encontrar un motivo para seguir adelante. A continuación, en base al artículo Apoyar a los pacientes durante en duelo publicado por Katherine Shear en el British Medical Journal en julio de 2017 expondremos pautas e indicadores de buen pronóstico del duelo.

A medida que pasa el tiempo, los síntomas mencionados deben ir evolucionando para que no acaben convirtiéndose en una depresión u otro trastorno mental. Aunque el proceso de duelo se vive de forma distinta en cada persona mencionamos algunos indicadores de que la pérdida se va superando.

  • Comprensión de la realidad y de las consecuencias de la pérdida del ser querido.
  • Una mezcla agridulce de sentimientos con predominancia de los positivos.
  • La persona tiene recuerdos sobre el fallecido, pero estos no son muy intensos ni duraderos en el tiempo.
  • Recuperación de los sentimientos del sentido y el propósito de la vida de uno mismo.
  • Sentimientos de capacidad de enfrentarse al día a día, sensación de bienestar y de adaptación al entorno.
  • Interés hacia otras personas y hacia la vida. La felicidad parece posible.

A la hora de intentar ayudar a un paciente durante su proceso de duelo debemos tener en cuenta su cultura, etnia y religión ya que pueden afectar a la manera en la que el paciente afronta el duelo. Aún así hay varias formas de ofrecer apoyo en estos casos :

  • Hacer que se sientan escuchados. La mayoría suelen querer hablar sobre la persona que ha fallecido.
  • Estar atentos a si evita en exceso temas relacionados con el fallecimiento de la persona, tiene actitudes de enfado o autoreproche.
  • Mitigar los síntomas físicos o trastornos psiquiátricos que pueda sufrir. Por ejemplo podemos darle medicación para dormir.
  • Ayudarles tanto a confrontar el dolor como a entender que este es normal y que tienen derecho a sentirlo.

Aunque esta información pueda ser muy útil para entender mejor el proceso de duelo, debemos tener en cuenta que cada situación de pérdida es distinta dependiendo de las características personales, de la relación con la persona fallecida y de en que circunstancias fallece, por lo cual debemos considerar cada caso como único.

Según el Dr. Carbonell en nuestra cultura estamos acostumbrados a que el duelo hay que padecerlo. Sin embargo, este proceso de la mano de un profesional de la salud mental es sin duda mas llevadero, menos traumático y mas seguro para poder recuperar la capacidad previa a la pérdida.

 

Por Instituto Carbonell 15 de julio de 2026
El Dr. José Carbonell aborda en su reflexión el fenómeno de las emociones descontroladas, esas situaciones en las que una persona puede pasar de la alegría a la tristeza en cuestión de minutos, experimentar confusión sobre lo que quiere o sentir que sus estados emocionales fluctúan sin una razón clara. Estas variaciones no son triviales ni deben considerarse normales si afectan de forma persistente la paz interior o el bienestar general. El Dr. Carbonell, médico y psiquiatra, explica que detrás de estas emociones pueden encontrarse múltiples factores: desequilibrios hormonales, eventos de la vida cotidiana, consumo de sustancias o simplemente la acumulación de tensiones del día a día. Todo ello puede llevar a un estado emocional inestable, difícil de gestionar sin apoyo adecuado. Frente a este panorama, el Dr. Carbonell enfatiza que no debemos resignarnos ni esperar pasivamente a que el tiempo "cure" el malestar emocional. Así como recurrimos a un nutricionista para perder peso o a un entrenador para ponernos en forma, también es válido y necesario acudir a un terapeuta, psicólogo o psiquiatra cuando sentimos que nuestras emociones se desbordan y nos impiden llevar una vida equilibrada. Buscar ayuda profesional no debe verse como un signo de debilidad, sino como un acto de responsabilidad hacia uno mismo. El sufrimiento emocional constante y los altibajos extremos no deben normalizarse.
Por Instituto Carbonell 14 de julio de 2026
El Dr. Carbonell ofrece una advertencia clara y serena sobre un tema delicado pero frecuente en consulta: parar la medicación psiquiátrica . Como médico y psiquiatra, se encuentra a menudo con pacientes que acuden con la intención, o incluso con la firme decisión, de suspender su tratamiento farmacológico. Ya sea porque se sienten mejor, porque otro profesional les ha sugerido un cambio, o por el deseo de dejar atrás una etapa difícil, la idea de abandonar la medicación se convierte en una cuestión "no negociable" para algunos.  Sin embargo, el Dr. Carbonell recuerda algo fundamental: la medicación está haciendo un trabajo . Si el paciente se encuentra mejor, probablemente no sea a pesar del tratamiento, sino gracias a él. Esto no significa que la medicación tenga que ser para siempre —en muchos casos no lo es—, pero tampoco puede dejarse de forma brusca o sin el acompañamiento adecuado. Suspender un tratamiento psiquiátrico no es una decisión trivial. Requiere tiempo, evaluación, seguimiento y, sobre todo, una estrategia individualizada. Carbonell insiste en que la retirada debe ser progresiva y supervisada , preferiblemente por el mismo profesional que inició el tratamiento. Esto se debe a que ese médico conoce el historial clínico, la evolución, los factores de riesgo y los criterios bajo los cuales se inició la medicación. Advierte también sobre una situación común: médicos de atención primaria, urgencias o especialistas que, sin conocer en profundidad el caso, toman decisiones de ajuste o suspensión de fármacos. Esto puede acarrear riesgos importantes. Si se produce una recaída, ¿quién asume la responsabilidad? ¿A quién recurre el paciente? Estas son preguntas importantes que deben considerarse antes de modificar un tratamiento. El mensaje central del Dr. Carbonell es que parar la medicación no debe ser un acto impulsivo ni unilateral . La clave está en hacerlo de forma segura, responsable y acompañada. Si bien es natural querer dejar atrás las pastillas una vez que uno se siente mejor, la mejor manera de hacerlo es planificando la retirada con el profesional que mejor conoce tu caso .
Por Instituto Carbonell 13 de julio de 2026
Vivir con los padres después de los 30 se ha convertido en una realidad frecuente, dando lugar al fenómeno del "nido lleno". Según el psicólogo Enric Soler en el Diario de Mallorca , las consultas por conflictos en esta etapa se han triplicado, intensificándose tras la pandemia. No es solo un problema económico; es una situación que genera una profunda frustración porque los roles familiares se quedan "estancados" en una adolescencia que parece no terminar nunca. Muchos padres viven esta etapa como un "duelo invisible": sienten rabia e impotencia al ver que sus hijos no pueden "volar", mientras que los hijos adultos se sienten asfixiados por un control excesivo. La psicóloga Rosa Rabbani explica que poner normas a alguien de 30 años es muy complejo porque la autoridad tradicional ya no tiene el mismo significado. Si no se evoluciona, se corre el riesgo de que los padres actúen como "eternos padres de adolescentes" y los hijos se comporten como si vivieran en un hotel, desgastando la salud mental de todos. La clave para que la convivencia no se deteriore es la renegociación de los roles. Es fundamental que los hijos asuman responsabilidades adultas y que los padres suelten el control para fomentar la confianza y el desarrollo personal. Reconocer este "duelo" y hablar abiertamente de las expectativas mutuas permite que la dependencia prolongada no se convierta en un freno para los proyectos vitales de los jóvenes ni en una carga insoportable para los mayores. En opinión del Dr. Carbonell, el “nido lleno" refleja una realidad social que pide flexibilidad y nuevos límites para lograr una convivencia adulta y equilibrada. Romper con el ciclo de “padres e hijos eternos" ayuda a prevenir que la dependencia prolongada genere ansiedad y desánimo. Cuando la situación afecta al bienestar, el apoyo profesional puede ser clave para recuperar la armonía familiar.