¿Por qué nos cuesta tanto poner límites?
27 de noviembre de 2025
El Dr. José Carbonell explica que nos cuesta poner límites porque implican consecuencias dolorosas tanto para quien los recibe como para quien los establece. Señala que, aunque fijar límites aporta estructura, orden y respeto, hacerlo supone asumir el sufrimiento que puede causar —ya sea a una pareja, a un hijo o a un amigo— y también el propio malestar de sostener esa decisión. Advierte que, si no se respetan los límites que uno mismo marca, los demás tampoco lo harán, lo que abre la puerta a abusos y descontrol. Por ello, insiste en que poner límites es difícil, pero esencial para mantener relaciones sanas y un respeto mutuo real.

El Dr. José Carbonell explica que el crecimiento personal y el éxito no se alcanzan de forma inmediata ni por un solo camino, sino a través de la combinación de autoestima, amor propio y trabajo constante. Destaca la importancia de cuidar el equilibrio entre las distintas áreas de la vida —personal, profesional, familiar y de pareja— y entender que el desarrollo interno puede requerir apoyo profesional, como terapia o acompañamiento psicológico. Señala que los fracasos forman parte del proceso y que la paz interior y la estabilidad se construyen con el tiempo, la constancia y la aceptación de la monotonía como una aliada, no como un obstáculo, para lograr aquello que deseamos y alcanzar la felicidad.

El Dr. José Carbonell explica que ser una persona buena y generosa es valioso, pero existe una línea fina entre la bondad y permitir que otros se aprovechen de ti. Señala que primero debemos ser buenos con nosotros mismos, priorizando nuestro propio bienestar al mismo nivel que el que damos a los demás. Además, aconseja aprender a decir “no” cuando alguien se aprovecha de tu bondad, estableciendo límites por amor propio, aunque esto pueda afectar temporalmente relaciones o la percepción que otros tienen de ti. Ser bueno es importante, pero protegerse también lo es.

El Dr. José Carbonell explica que la tristeza profunda se manifiesta como un estado persistente de melancolía, vacío, falta de energía, negatividad y ausencia de sentido vital, en el que nada parece valer la pena. Señala que cuando esta tristeza se mantiene en el tiempo puede ser un signo de inicio de una depresión, especialmente si aparece incluso tras acontecimientos vitales positivos. En estos casos, no suele ser suficiente el apoyo del entorno cercano, sino que es fundamental acudir a un profesional de la salud mental para poder revertir ese estado y recuperar el equilibrio y la vitalidad personal.

