Prevenir que los niños se conviertan en adolescentes ansiosos

29 de junio de 2015

Entre los desordenes psicológicos  más comunes en niños y adolescentes, se encuentran los trastornos de ansiedad. Estos pueden llegar a limitarlos severamente, convirtiendo situaciones que los demás viven como normales, en fuertemente angustiosas.  Por ello, las víctimas de la ansiedad patológica, terminan por evitar todo aquello que les causa malestar, impidiendo un progreso adecuado en sus vidas.

Los últimos estudios en relación al origen de estos trastornos, confirman que el tipo de relación que establezcamos con nuestros hijos durante la infancia, determinará en gran medida la existencia de ansiedad desproporcionada en la adolescencia y adultez.

Muchos padres desde la mejor intención, caen en el error de sobreproteger a sus hijos.  El constante mensaje “ten cuidado”, instaura la idea en el niño, de que el mundo es un lugar peligroso y que por ello hay que estar siempre en guardia, así como sentimientos de desconfianza ante los demás.  Por otra parte, no dejar que hagan nada por si mismos para evitar que se equivoquen, generará un sentimiento de baja eficacia y de temor desproporcionado cuando no estén bajo el amparo de sus padres.

Una relación de apego saludable se caracteriza por  generar en el pequeño, una base de confianza y seguridad que le haga sentir que el mundo es un lugar seguro. Todavía no es el momento de que comiencen a preocuparse ya que podrían generar inseguridad en su carácter.  Este tipo de vínculo saludable, también anima a la independencia, en la medida de lo posible y siempre en función de su edad. En  el momento en que el niño aprenda o intente  hacer algo por sí mismo, hay que premiarle, mostrándonos orgullosos y haciéndoselo saber, reforzando así su sentimiento de eficacia. Conseguir el equilibrio entre atención, afecto incondicional y  promoción de su independencia, es la clave para que generen seguridad en si mismos.

Por Instituto Carbonell 29 de enero de 2026
El Dr. José Carbonell explica que los celos en la pareja no deben analizarse únicamente como un problema individual, ya que siempre es necesario valorar la dinámica entre ambas personas. Señala que una persona puede ser insegura y celosa de forma general, pero también puede ocurrir que alguien sin problemas previos desarrolle celos debido a la relación que mantiene. Por ello, es fundamental diferenciar entre los celos patológicos, que requieren tratamiento profesional, y los celos que surgen por la forma en que funciona la relación. Asimismo, destaca que los celos y las inseguridades pueden dañar seriamente una relación, pero también pueden trabajarse si se abordan de manera adecuada. Para ello, es clave verbalizar cómo se entiende la relación, qué conductas generan malestar y qué situaciones provocan inseguridad. Esta comunicación abierta permite identificar las “áreas grises” que afectan a ambos miembros de la pareja y favorece el crecimiento conjunto. En conclusión, subraya la importancia de analizar los celos en profundidad y buscar soluciones que permitan una relación más sana y equilibrada.
Por Instituto Carbonell 28 de enero de 2026
El Dr. José Carbonell explica que vivir amargados suele ser la consecuencia de una acumulación de situaciones difíciles que no siempre podemos controlar: problemas legales, conflictos de pareja o laborales, jefes complicados, enfermedades propias o de familiares, responsabilidades constantes. Poco a poco, estas cargas hacen que la vida deje de vivirse desde el disfrute y pase a vivirse desde la obligación y la preocupación permanente. Señala que, aunque intentemos poder con todo, el desgaste cotidiano acaba pasando factura y puede robarnos la capacidad de disfrutar, de ser espontáneos, de hacer planes o de relacionarnos desde nuestra parte más genuina. No existe una vida perfecta ni una vida sin problemas, y vivir esperando que todo vaya mal para no decepcionarse solo refuerza una visión negativa de la realidad. Por ello, subraya la importancia de aprender a relativizar y, sobre todo, de crear y proteger un espacio personal que no quede contaminado por las preocupaciones diarias. Las responsabilidades, las decepciones y los problemas forman parte de la vida; la clave está en decidir hasta qué punto dejamos que nos afecten. Ese espacio de bienestar y disfrute no aparece solo: hay que construirlo y defenderlo activamente para no vivir amargados.
Por Instituto Carbonell 27 de enero de 2026
La vergüenza es algo que todos hemos sentido alguna vez, pero conviene preguntarse: ¿puede hacernos daño? La vergüenza aparece cuando sentimos que otros nos juzgan. Por ejemplo, cuando nos llaman la atención delante de los demás, nos critican en público o nos hacen sentir apartados. En esos momentos, la persona puede sentirse pequeña, insegura y mal consigo misma. No es lo mismo que la culpa. La culpa nos dice “he hecho algo mal” y nos anima a arreglarlo. La vergüenza, en cambio, nos hace pensar “yo estoy mal”, y eso provoca que nos cerremos, perdamos confianza y dejemos de actuar. Cuando la vergüenza es muy fuerte o dura mucho tiempo, puede aumentar el estrés y provocar que aparezcan sentimientos de soledad o inutilidad. Por eso, es importante tener en cuenta estos consejos:  No avergonzar a nadie delante de otros Corregir en privado y con respeto, sin insultos ni humillaciones Entender que equivocarse es normal Apoyarse en la familia y los amigos Pedir ayuda si una se siente desbordada En opinión del Dr. Carbonell, es importante tratar a las personas con respeto y comprensión. Corregir sin humillar y permitir el error ayuda a mantener la confianza y el bienestar emocional. Pedir ayuda profesional es una buena opción cuando la vergüenza empieza a afectar a la vida diaria.