Psiconeuroinmunología, cómo proteger la salud a través del pensamiento.

2 de marzo de 2015

La psiconeuroinmunología se puede definir como la ciencia que estudia la relación entre el cerebro, los factores psicológicos y el sistema inmune. Esto implica, cómo afecta la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos, al sistema inmunológico y por tanto a nuestra salud general.

Veamos brevemente como funciona: Ante la presencia o anticipación de una situación interpretada como amenazante, se activa el llamado “sistema de lucha o huída”, el cual desencadena una serie de mecanismos que derivan en la liberación de hormonas del estrés. Estas movilizan los recursos de nuestro organismo para afrontar la hipotética situación de peligro, pero también inhiben la actividad del sistema inmune para reservar energía. Es un mecanismo perfecto para afrontar situaciones realmente peligrosas de corta duración, por ejemplo, dar un “volantazo” a tiempo para evitar un accidente de tráfico. Sin embargo, si aquello que nos produce estrés se prolonga en el tiempo o cronifica, los efectos en nuestro organismo pueden derivar en el desarrollo de enfermedades físicas y/o psicológicas.

No sólo la presencia de peligro real activa este mecanismo de defensa sino que la percepción, las creencias de qué algo irá, ha ido o va mal, engañan a nuestro sistema y lo ponen a trabajar como si se tratara de nuestros antepasados ante la presencia de una fiera salvaje, pudiendo producir a la larga trastornos de ansiedad.

Las palabras con las que construimos nuestros pensamientos nos generan unas emociones y en consecuencia modulan nuestro estado de ánimo. Utilizar el pensamiento positivo no significa obviar lo que no nos agrada, sino que implica hacer un análisis completo y realista de los eventos, focalizando en aquello positivo que podemos extraer de casi cualquier situación.

El estrés es un mecanismo de defensa imprescindible para la supervivencia, pero debe quedar circunscrito a aquellas situaciones en la que es necesario y durante un breve periodo de tiempo. Cuando el estrés o la negatividad se prolongan, debemos revisar si estamos interpretando la vida de una manera realista y optimista que nos haga experimentar una realidad mejor, favoreciendo así nuestra salud física y emocional. 

Por Instituto Carbonell 12 de marzo de 2026
El desempleo es una cuestión de salud pública que, después de la aparición de la Inteligencia Artificial, se ha vuelto más significativa y relevante. Uno de los desafíos a los que se enfrenta la sociedad post - IA es la reducción de la presencia del ser humano para realizar funciones laborales y profesionales. Mediante la usurpación de funciones cognitivas complejas como el razonamiento, el lenguaje y la resolución de problemas, la IA pone en riesgo nuestro bienestar psíquico. Desde una perspectiva psiquiátrica, el desempleo es un gran perjuicio para la salud mental. Por ello, la relevancia de esta cuestión no solo radica en las consecuencias negativas que tiene la pérdida de trabajo en sí, sino la amenaza que supone en términos vitales. El empleo es central para la organización del humano adulto, un pilar fundamental en la estructuración de nuestra vida personal y social. Trabajar nos mantiene conectados a la realidad, fomenta la autorregulación y nos vincula a un propósito individual y compartido, promoviendo el sentido de pertenencia y consolidando la identidad social. Por esta razón, cuando se produce una situación de desempleo involuntaria se pueden observar grandes implicaciones en nuestro bienestar general. Por una parte, dicha pérdida puede facilitar el desarrollo de cuadros sintomatológicos tales como depresión, ansiedad, síntomas psicosomáticos o estrés agudo. Por otra, la desvinculación laboral también se asocia con la privación de necesidades básicas de placer, creatividad, relaciones interpersonales, reconocimiento y pérdida de iniciativa, relacionada con la fractura del vinculo esfuerzo - recompensa que mantiene al individuo motivado. Por tanto, independientemente del problema económico que conlleva la pérdida de empleo, la fractura que se origina en la arquitectura psicológica del individuo puede llegar a erosionar la identidad neurobiológica del sujeto. En opinión del doctor Carbonell, en vista de las implicaciones que tiene la IA en el ámbito laboral, es importante validar la pérdida de empleo como un evento clínicamente relevante. Para facilitar la transición de este problema, la tarea del ser humano recae en crear oportunidades para ejercer capacidades que permiten mantener nuestra salud socioemocional.
Por Instituto Carbonell 12 de marzo de 2026
El Dr. José Carbonell explica que la furia o la ira suele ser una reacción ante la frustración, pero rara vez conduce a una solución positiva. Al contrario, puede empeorar las situaciones y generar conflictos innecesarios. Señala que las personas que tienden a reaccionar con furia deben aprender a gestionar esas emociones , ya que no es algo que deba aceptarse simplemente como parte inevitable del carácter. Aunque ciertas circunstancias o rasgos personales puedan facilitar estas reacciones, es posible trabajar sobre ellas. Subraya que reconocer el problema y trabajar en el control emocional permite adaptarse mejor a las situaciones sociales y afrontar los conflictos de una manera más constructiva. Concluye que gestionar la ira no solo mejora la convivencia con los demás, sino que también ayuda a resolver los problemas de forma más eficaz.
Por Instituto Carbonell 11 de marzo de 2026
El Dr. José Carbonell explica que para tratar adecuadamente a una persona con trastorno bipolar lo primero es contar con un diagnóstico claro y confirmado. A partir de ahí, destaca la importancia de mantener una estructura estable en el tratamiento . Esto implica asegurarse de que la persona tome la medicación prescrita , acuda a sus revisiones médicas y, si es posible, complemente el tratamiento con terapia psicológica o seguimiento profesional que permita monitorizar cómo influyen las situaciones del día a día en su estado emocional. También señala que el entorno puede ayudar observando y acompañando , más que presionando, ya que la presión suele ser contraproducente. Es útil prestar atención a cómo fluctúa el estado de ánimo y comunicar esa información al profesional que está llevando el caso. Concluye que el mejor apoyo consiste en acompañar, vigilar la estabilidad del tratamiento y colaborar con los profesionales de salud , para favorecer que la persona mantenga un equilibrio lo más estable posible.