Prevención del uso de drogas por parte de nuestros hijos
11 de abril de 2016
Una de las mayores preocupaciones que podemos tener los padres en relación a nuestros hijos, es el tema de las drogas, cómo hablarlo con ellos y qué podemos hacer para prevenirlo.
A continuación, algunos consejos sobre cómo hablar con nuestros hijos sobre este tema:
- Normaliza el hecho de conversar sobre las drogas. Conviértelo en algo cotidiano. A través de noticias relacionadas sobre el tema, o películas, podemos iniciar conversaciones al respecto, de una manera cómoda.
- Mantén una actitud abierta. Realizar preguntas abiertas sobre su opinión acerca de los motivos que llevan a los chicos a consumir drogas, qué opina sobre el tema o si alguna vez le han ofrecido drogas.
- Ten unas normas claras con respecto a la tolerancia 0 a las drogas.
- Intenta ponerte en su lugar sobre el papel de las drogas en su entorno. Escúchale y hazle saber que tienes en cuenta su opinión y que es importante para ti.
- Todos los puntos anteriores son viables siempre y cuando dediquemos un tiempo de calidad a nuestros hijos, a diario.
Ayuda a prevenir el uso de drogas
- Fomenta una buena relación con tu hijo, preocupándote por sus intereses y apoyándole.
- Da un buen ejemplo. Es importante ser un buen modelo a seguir. No consumas drogas, si bebes hazlo con moderación y trata de no fumar.
- Conoce a los amigos de tu hijo. Trata que vengan a casa y a ser posible, conoce también a sus padres. Habla con tu hijo y dale tu opinión si consideras que alguien es una mala influencia.
- Se claro sobre las normas que tiene que cumplir tu hijo sobre el uso de drogas, subrayando los peligros potenciales.
- Trata de mantenerte informado sobre dónde, y con quién, está tu hijo. La supervisión sensata es fundamental en la adolescencia para prevenir conductas de riesgo.
- Promueve las actividades saludables. Estar activo mediante deportes u otras actividades sanas y que motiven a los hijos, es una de las mejores formas para evitar el recurrir al uso de drogas.
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El Dr. José Carbonell explica que el estrés surge principalmente de la acumulación de responsabilidades y preocupaciones que vamos asumiendo en el día a día sin gestionarlas adecuadamente. Señala que, aunque muchas veces normalizamos ese ritmo de vida, el problema aparece cuando esa carga supera nuestra capacidad de adaptación. Describe el estrés como un desgaste progresivo que afecta a la calidad de vida: dificulta el descanso, aumenta el cansancio mental y hace que los objetivos cotidianos se vuelvan más difíciles de alcanzar. Utiliza la metáfora de una “tarjeta de crédito”, donde empezamos la semana con cierta energía, pero vamos acumulando “deuda” hasta que llega un punto en el que no podemos rendir igual. Por ello, recomienda parar y reflexionar para identificar las fuentes reales de estrés, diferenciar lo imprescindible de lo secundario y aprender a delegar. La clave está en no vivir constantemente al límite, sino gestionar mejor las cargas para mantener el equilibrio en el día a día.

Como decía Charles Darwin, “no hay nada tan permanente como el cambio”. Vivimos en un momento histórico en el que es notable la resistencia a los cambios de opinión, reflejándose, sobre todo, en el ámbito político. Algunas investigaciones indican que las personas más conservadoras y menos abiertas a la experiencia suelen ser más resistentes al cambio. Al contrario, las personas con una ideología más progresista son más flexibles. Aun así, las personas que cambian de opinión lo hacen progresivamente porque, para nosotros, es mejor hacer pequeñas excepciones a las reglas que cambiar o dar un giro transformador a nuestras convicciones más íntimas. ¿Por qué? Por una parte, resulta necesario mencionar que los mecanismos biológicos, psicológicos y sociales que subyacen a nuestros comportamientos mantienen nuestra identidad. Estos elementos funcionan como factores protectores de nuestra personalidad y, por tanto, también de las creencias y principios que nos rigen. De este modo, cuando alguien intenta persuadirnos para reconsiderar una postura, esas raíces biológicas y psicosociales se ven amenazadas. Así, cuando alguien nos contradice, ya sea pública o privadamente, el cerebro altera el sistema nervioso autónomo y las hormonas, es decir, lo vivimos de manera estresante. El cerebro interpreta este evento como como una situación vergonzosa que daña nuestra autoestima. De hecho, algunos experimentos muestran que cuando alguien nos lleva la contraria, lo podemos llegar a vivir como algo doloroso porque se activan las mismas regiones cerebrales que al sentir dolor físico. Además, el hecho de estar inmersos en una era digital con información masiva ha propiciado que las ideologías, aficiones e incluso las manías más dispares se vean reforzadas, haciendo que los planteamientos que se expresan se vuelvan más impermeables al cambio. En opinión del dr Carbonell, el mejor antídoto es reconocer que uno puede equivocarse. Estar abierto a recibir información distinta o a la que no estamos acostumbrados promueve el sentido crítico y el razonamiento. De hecho, ser capaces de cambiar de opinión ayuda a no quedarse anclado en el pasado y permite seguir madurando psicológicamente.

El Dr. José Carbonell explica que tanto la belleza física como la belleza interior son importantes, pero que el verdadero valor está en el equilibrio entre ambas. Señala que, aunque la apariencia física suele ser lo primero que atrae, no es suficiente si no va acompañada de un desarrollo emocional, valores y una riqueza personal. Destaca que centrarse únicamente en el físico puede limitar a la persona, especialmente cuando toda su identidad gira en torno a la imagen. Por el contrario, cultivar también la parte emocional permite construir relaciones más profundas, mejorar la capacidad de socializar y generar mayor bienestar a largo plazo. Concluye que la combinación de cuerpo y mente es lo que realmente aporta una versión más completa y equilibrada de uno mismo, y que este equilibrio es lo que más valor tiene con el paso del tiempo.

